miércoles, 19 de julio de 2017

BANQUILLO POLÍTICO POR: SEVERO FRANCISCO MAR MORALES




BENITO JUÁREZ, HOMBRE UNIVERSAL.
SÍMBOLO DE MÉXICO.  SU IDEARIO POLÌTICO

“CON PROFUNDO CARIÑO, APRECIO Y ADMIRACIÓN PARA MI HERMANA
M. en C. BERTHA EUGENIA MAR MORALES, INTEGRANTE DEL CENTRO DE CIENCIAS DE LA ATMÓSFERA DE LA U.N.A.M., EN SU ANIVERSARIO DE  NATALICIO”.


            El 18 de julio de 1872, a 145 años de distancia, se conmemora el aniversario luctuoso de un prócer de la historia de México, uno de los personajes más emblemáticos de nuestro país debido a su gran labor por afianzar los destinos de una nación más justa, libre, independiente, igualitaria y liberal.

            Benito Pablo Juárez García, es un mexicano universal, probablemente la figura más conocida de nuestra historia y está vivo en nuestra conciencia social.

Con la generación de la reforma se precisa el espíritu modernizador de la nación mexicana. La batalla de Juárez no fue sólo en defensa de nuestra integridad territorial y de la vigencia republicana. Significó también, la afirmación del Estado en la vida nacional.


Al consolidar la sociedad civil, transformó las estructuras del país con la fuerza del derecho. A ello debemos, en gran parte, la consistencia de nuestras instituciones democráticas.

Juárez el funcionario público, el magistrado, el gobernante, es paradigma de honestidad e inalterable vocación de servicio. Austero por naturaleza,  jamás lo perturbaron inquietudes materiales. Espíritu inexpugnable ante los embates de la ambición, predestinado a las más altas responsabilidades y a las más nobles tareas, hizo de su vida cátedra permanente de patriotismo. Su nombre es arquetipo para los justos y reproche para los claudicantes.

Juárez es un símbolo de México. Después de tres siglos de servidumbre, un hijo auténtico de esta tierra personificó ante todas las naciones la expresión de nuestra soberanía. Infundió confianza en su propio valer a todos nuestros compatriotas y, en particular, a quienes como él eran de origen humilde. Su imagen encarnó la presencia del mexicano en la historia y su memoria es razón de esperanza para nuestra nación.

Benito Juárez personificó el respeto a las instituciones. Este fue su más grande legado con el que forjó  el moderno Estado mexicano. Simbolizó la legalidad y, con ello, la supremacía del orden constitucional, desde que, al golpe de Estado de Comonfort, cuando éste, vacilante, desconocía la Carta Magna emanada de la Revolución de Ayutla, Juárez asumió el gobierno legitimo y sostuvo la bandera de la Constitución.

Juárez representó la voluntad de consumar una profunda transformación sobre los anacronismos subsistentes del antiguo Estado y, para ello, cimentó un nuevo orden institucional al expedir las Leyes de Reforma, que actualizaron la organización de la sociedad civil sobre las bases reformistas de la separación de la Iglesia y el Estado.

Juárez nos enseñó –y grave riesgo correríamos de no recoger su lección- que sólo en el orden jurídico es posible la libertad individual; con la vigencia de la Ley se suprime la desigualdad, y se asegura la autonomía del pensamiento y la conciencia de los hombres y solo con el supremo imperio de la Constitución podemos progresar en la paz, crecer en la justicia y vivir en la democracia.

Después de más de dos siglos de su nacimiento, su nombre es fe y guía para los pueblos que aun sufren tarascadas sádicas de los dictadorzuelos. En México, las nuevas generaciones materializan su memoria preparándose a sustituir a la que, si en las fechas de su natalicio y muerte lo exaltan, buen cuidado tienen de hablarnos de su ejemplar austeridad, de honradez ilimitada. Con flores y voces ahuecadas por la insinceridad, en lugar de homenajearle, ensucian su nombre.

Juárez, es un hombre de su tiempo, pero también lo es de todos los tiempos. Sus postulados hoy en día tienen plena vigencia, sobre todo en lo que se refiere a  la formación de un Estado civil moderno inspirado en un liberalismo auténticamente mexicano: laico, racional y progresista.

Recordemos siempre entre muchos de sus postulados los siguientes: “Que los hombres no somos nada, que los principios son el todo”. “El que no espera vencer, ya esta vencido”. “Mi deber, que tengo la firme resolución de cumplir, es no atender a los que sólo representen el deseo de un corto número de personas, sino la voluntad nacional”. “La paz descansa en el sólido apoyo de la opinión general; mantenerla es la mejor garantía de las instituciones libres y la base indispensable para el progreso social”. “El primer gobernante de una sociedad no debe tener más bandera que la ley”. “La felicidad común debe ser su norte, e iguales los hombres ante su presencia, como lo son ante la ley”. “Sólo debe distinguir al mérito y a la virtud para recompensarlos”. “No reconozco fuente de poder más pura que la opinión pública”.


Cuando los problemas que afronte el país parezcan arduos e intrincados, cuando las discrepancias amenacen la paz de las conciencias y, por confusión, pensemos que están cerrados todos los caminos, no volvamos la mirada a otros horizontes, que no son nuestros, que nada o muy poco pueden enseñarnos: pensemos en Juárez y volvamos la mirada a otros horizontes: pensemos en BENITO JUÁREZ y volvamos la mirada a Guelatao.

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