BENITO JUÁREZ, HOMBRE UNIVERSAL.
SÍMBOLO DE MÉXICO. SU IDEARIO POLÌTICO
“CON
PROFUNDO CARIÑO, APRECIO Y ADMIRACIÓN PARA MI HERMANA
M.
en C. BERTHA EUGENIA MAR MORALES, INTEGRANTE DEL CENTRO DE CIENCIAS DE LA
ATMÓSFERA DE LA U.N.A.M., EN SU ANIVERSARIO DE NATALICIO”.
El
18 de julio de 1872, a 145 años de distancia, se conmemora el aniversario
luctuoso de un prócer de la historia de México, uno de los personajes más emblemáticos
de nuestro país debido a su gran labor por afianzar los destinos de una nación
más justa, libre, independiente, igualitaria y liberal.
Benito
Pablo Juárez García, es un mexicano universal, probablemente la figura más
conocida de nuestra historia y está vivo en nuestra conciencia social.
Con la generación de la reforma se
precisa el espíritu modernizador de la nación mexicana. La batalla de Juárez no
fue sólo en defensa de nuestra integridad territorial y de la vigencia
republicana. Significó también, la afirmación del Estado en la vida nacional.
Al consolidar la sociedad civil,
transformó las estructuras del país con la fuerza del derecho. A ello debemos,
en gran parte, la consistencia de nuestras instituciones democráticas.
Juárez el
funcionario público, el magistrado, el gobernante, es paradigma de honestidad e
inalterable vocación de servicio. Austero por naturaleza, jamás lo perturbaron inquietudes materiales.
Espíritu inexpugnable ante los embates de la ambición, predestinado a las más
altas responsabilidades y a las más nobles tareas, hizo de su vida cátedra
permanente de patriotismo. Su nombre es arquetipo para los justos y reproche
para los claudicantes.
Juárez es un
símbolo de México. Después de tres siglos de servidumbre, un hijo auténtico de
esta tierra personificó ante todas las naciones la expresión de nuestra
soberanía. Infundió confianza en su propio valer a todos nuestros compatriotas
y, en particular, a quienes como él eran de origen humilde. Su imagen encarnó
la presencia del mexicano en la historia y su memoria es razón de esperanza
para nuestra nación.
Benito Juárez
personificó el respeto a las instituciones. Este fue su más grande legado con
el que forjó el moderno Estado mexicano.
Simbolizó la legalidad y, con ello, la supremacía del orden constitucional,
desde que, al golpe de Estado de Comonfort, cuando éste, vacilante, desconocía
la Carta Magna emanada de la Revolución de Ayutla, Juárez asumió el gobierno
legitimo y sostuvo la bandera de la Constitución.
Juárez
representó la voluntad de consumar una profunda transformación sobre los
anacronismos subsistentes del antiguo Estado y, para ello, cimentó un nuevo
orden institucional al expedir las Leyes de Reforma, que actualizaron la
organización de la sociedad civil sobre las bases reformistas de la separación
de la Iglesia y el Estado.
Juárez nos
enseñó –y grave riesgo correríamos de no recoger su lección- que sólo en el
orden jurídico es posible la libertad individual; con la vigencia de la Ley se
suprime la desigualdad, y se asegura la autonomía del pensamiento y la
conciencia de los hombres y solo con el supremo imperio de la Constitución
podemos progresar en la paz, crecer en la justicia y vivir en la democracia.
Después de
más de dos siglos de su nacimiento, su nombre es fe y guía para los pueblos que
aun sufren tarascadas sádicas de los dictadorzuelos. En México, las nuevas
generaciones materializan su memoria preparándose a sustituir a la que, si en
las fechas de su natalicio y muerte lo exaltan, buen cuidado tienen de
hablarnos de su ejemplar austeridad, de honradez ilimitada. Con flores y voces
ahuecadas por la insinceridad, en lugar de homenajearle, ensucian su nombre.
Juárez, es un hombre de su
tiempo, pero también lo es de todos los tiempos. Sus postulados hoy en día
tienen plena vigencia, sobre todo en lo que se refiere a la formación de un Estado civil moderno
inspirado en un liberalismo auténticamente mexicano: laico, racional y
progresista.
Recordemos
siempre entre muchos de sus postulados los siguientes: “Que los hombres no
somos nada, que los principios son el todo”. “El que no espera vencer, ya esta
vencido”. “Mi deber, que tengo la firme resolución de cumplir, es no atender a
los que sólo representen el deseo de un corto número de personas, sino la
voluntad nacional”. “La paz descansa en el sólido apoyo de la opinión general;
mantenerla es la mejor garantía de las instituciones libres y la base
indispensable para el progreso social”. “El primer gobernante de una sociedad
no debe tener más bandera que la ley”. “La felicidad común debe ser su norte, e
iguales los hombres ante su presencia, como lo son ante la ley”. “Sólo debe
distinguir al mérito y a la virtud para recompensarlos”. “No reconozco fuente
de poder más pura que la opinión pública”.
Cuando los
problemas que afronte el país parezcan arduos e intrincados, cuando las
discrepancias amenacen la paz de las conciencias y, por confusión, pensemos que
están cerrados todos los caminos, no volvamos la mirada a otros horizontes, que
no son nuestros, que nada o muy poco pueden enseñarnos: pensemos en Juárez y
volvamos la mirada a otros horizontes: pensemos en BENITO JUÁREZ y volvamos la
mirada a Guelatao.

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